miércoles, 4 de enero de 2017

Campana sobre campana

La iglesia de San Benito de Seráns es uno de tantos templos gallegos que, por la despoblación de las zonas rurales y la falta de sacerdotes de nueva generación, se ha quedado sin feligreses y con un cura que atiende más parroquias y obligaciones en la zona. El encargado de abrir la capilla varios días por semana es José Sanlés, un vecino que, además de dar catequesis, se encarga de mantener todo en orden. Una mañana, Sanlés se encontró tiradas en el suelo las cuerdas de las dos campanas que, desde su construcción, coronaban el campanario. La sorpresa fue, dice este vecino, que al mirar hacía arriba las campanas ya no estaban.
La iglesia de Seráns se encuentra a los pies de una pequeña aldea, con el mismo nombre, de la parroquia de San Pedro de Muro, en Porto do Son. Sanlés informó de lo ocurrido al párroco, que, a su vez, le pidió que notificase los hechos a la Guardia Civil. Desde entonces, y tal y como recordaba ayer el mismo Sanlés en compañía de Aurelio Parada, sacerdote jubilado de Seráns que también ayuda a mantener el templo y la casa rectoral (hoy dedicada a la catequesis), no han vuelto a tener noticias de la sustracción de las campanas, que están hechas principalmente de bronce, y fueron robadas casi seguramente para fundirlas y lucrarse con los beneficios que puede aportar la venta de este metal.
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